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EL PAIS

07/05/2007 | Pablo López | SANTIAGO


3.000 personas recuerdan a la Xunta sus compromisos con la defensa del territorio.


Decenas de colectivos se organizan al margen de los partidos contra la depredación territorial


Los más condescendientes lo llamaron "toque de atención". Otros, más inflexibles, denunciaron "alta traición". Unas 3.000 personas tomaron ayer las calles de Santiago en defensa del territorio y ante la "depredación" de la costa y de los enclaves de mayor interés ecológico. Todos ellos, unidos por un malestar en distinto grado con el Gobierno gallego, del que se pretende una ruptura más clara con el pasado. Decenas de colectivos se organizaron al margen de los partidos políticos bajo el lema "Galicia non se vende", en una convocatoria que pretendió revivir el espíritu de Nunca Máis.

El espíritu de las movilizaciones que siguieron al naufragio del Prestige planeó sobre las alrededor de 3.000 personas que salieron al tibio sol primaveral de Santiago para proclamar que "Galicia no se vende".

Sin más pancartas partidistas que las de alguna organización nacionalista juvenil, 36 colectivos organizados contra otros tantos proyectos lesivos con el patrimonio natural desfilaron entre la Alameda y la Plaza de la Quintana, el mismo recorrido que un lluvioso 1 de diciembre siguieron para gritar por primera vez "nunca máis".

Las estrellas de la reunión fueron la planta de Reganosa en la ría de Ferrol y las piscifactorías en zonas protegidas. Pero la lista es mucho más larga: desde la macrodepuradora de Coruxo, en Vigo, a la fraga de Menáncaro, en Ferrol, pasando por el proyecto de Marina Atlántica en la antigua conservera de Massó, en Cangas. Vigo se consolidó como el punto del territorio gallego con más pleitos ambientales pendientes, como el puerto deportivo de A Lagoa, en Teis, el proyecto de ronda de circunvalación o el nuevo relleno de Bouzas. Los detractores de las piscifactorías de Baroña (Porto do Son) y Quilmas (Carnota) o los defensores del parque de Rosalía de Castro de Lugo también se sumaron.

Pero fueron Reganosa y las piscifactorías de Baroña y Quilmas las que movilizaron a más manifestantes, y las que destacó en su discurso el coordinador general de la asociación ecologista Verdegaia, Xan Duro, que actuó ante el micrófono, ya en la Quintana, como maestro de ceremonias, antes de que un grupo de intelectuales y artistas leyera el manifiesto de la convocatoria.

"Algo muy grave está pasando en Galicia", clamó la actriz Mabel Rivera, encargada de la lectura de los primeros párrafos del manifiesto. "Combinando abandono y una extrema ambición depredadora, llevamos décadas destruyendo el territorio", reza el manifiesto, que denuncia: "Urbanismo caótico, infraestructuras de transporte irracionales, campos de gol, puertos deportivos, embalses, piscifactorías, parques eólicos indiscriminados, paseos marítimos y fluviales rígidos, rellenos, monocultivos de especies exóticas e invasoras, nulo respeto por las figuras de protección ambiental y los espacios naturales protegidos". Todo ello, con el agravante de la "inexistencia de una ordenación territorial sostenible".

Había colectivos de protección de la naturaleza detrás de la convocatoria, pero también culturales. Y muchos arquitectos e intelectuales, algunos de ellos, con su firma en apoyo del manifiesto de la movilización. Como Manuel Rivas, Xosé Luis Méndez Ferrín, Xosé María Álvarez Cáccamo, Francisco Sampedro, Suso de Toro o Fran Alonso. "Pensamos que la actual Xunta de Galicia y los ayuntamientos que salgan de las próximas elecciones deberán coordinar sus esfuerzos", se escuchó en la plaza de la Quintana, antes de que el manifiesto reclamara un plan director de ordenación del territorio. "Sin planificación central y democrática de la ordenación territorial, el caos se perpetuará".

Vida digna para todos

Como corresponde a una movilización que pretende ceder el protagonismo a la sociedad civil, las caras conocidas desfilaron perdidas entre el gentío, y la pancarta de la cabecera la sujetaban representantes de unos cuantos colectivos de la plataforma. "Galicia non se vende. Terra viva e vida digna para todos", se podía leer en la primera fila. Bombos, gaitas y panderetas animaron la marcha, mientras se coreaban consignas como "Touriño, aprende, Galicia no se vende", "Non, non, non, á especulación" o "la ley del litoral llega tarde y llega mal". Por encima de todas ellas, la más repetida: "A ría é nosa, e non de Reganosa", de los manifestantes de Ferrol.

La convocatoria no pudo competir con el día que los paraguas tomaron Compostela mientras una gran mancha de petróleo iba ensuciando toda la costa gallega, pero sus registros dejaron satisfechos a los organizadores. Como resumió Xan Duro, de Verdegaia, el de ayer era "el principio de un largo camino".

Destrucción irreparable

La situación de destrucción del territorio gallego exige "un golpe de timón", para mudar un rumbo que conduce "al suicidio colectivo". Las frases grandilocuentes abundaron en el discurso final y en las intervenciones de los organizadores. Sin necesidad de apelar al cambio climático y sus desastrosas consecuencias, los que ejercieron de portavoces pusieron el acento en una multitud de pequeñas -y no tan pequeñas- agresiones al territorio, que están generando lo que Xan Duro, coordinador general de la ecologista Verdegaia, tachó de "destrucción irreparable".

"La situación del territorio gallego es, en ciertos aspectos, catastrófica", se escuchó en la plaza de la Quintana de Santiago. "Un terremoto de especulación y de depredación de la tierra y del mar está destruyendo nuestra naturaleza, nuestro paisaje y nuestra forma de vida. Están destruyendo, por lo tanto, la propia identidad de Galicia. Sonó la hora de que digamos basta", añadieron los lectores del manifiesto. De ahí que llegara el aviso en plenas vísperas electorales. No fue ninguna coincidencia.




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