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La Voz de Galicia

GALICIA


Concellos, empresas y hogares de la provincia podrán comprar bonos para compensar su CO2


03/11/2009 | Christian Casares


La recaudación se canalizará a través de la Diputación a acciones para fijar carbono

El tráfico de la ciudad genera más CO2 que el complejo de Ence

Quien contamina, paga, la máxima que acompaña a la ley de responsabilidad ambiental como advertencia disuasoria, podrá ser entonada en Pontevedra bajo una aplicación más solidaria. Y todo por una iniciativa que la Fundación Galicia Sustentable y la Diputación de Pontevedra han puesto en marcha para hacer de la conciencia ecológica un valor en alza en la provincia bajo el nombre de Pontevedra StopCO2.

Las líneas básicas del proyecto pasan por hacer un análisis de la emisión de dióxido de carbono en la provincia. Se empezará por las de la propia Diputación de Pontevedra para después trazar estrategias de reducción. ¿Cómo? Pues a través de un uso más racional de la energía en sus edificios, parque móvil, maquinaria... Pero lo verdaderamente novedoso será la creación de una especie de banco para la emisión de bonos de compensación por la producción de dióxido de carbono al que podrán acudir ayuntamientos, empresas y particulares.

Funcionará de la siguiente manera. Si un concello, un negocio privado o una familia considera que contamina y quiere compensarlo podrá comprar los bonos de la Diputación de Pontevedra. Estos garantizarán que la administración provincial invertirá ese dinero en iniciativas para la reducción de gases de efecto invernadero como contribuir al incremento de la masa forestal. «A idea é que a partir da cuota de CO2 que non se poida reducir, que polo menos se poida compensar», explica Marcos Pérez.

La idea pasa por crear una especie de banco de intercambio de emisiones, pero a escala doméstica. El plan, según aclaró ayer Pérez, no reportará beneficios fiscales u económicos más allá de contribuir a la mejora del medio ambiente.

Almacén de dióxido

La idea de un bosque como un sumidero de carbono consiste en concebir los árboles como un almacén de dióxido de carbono. A través de la fotosíntesis separa desintegra la molécula de CO2, separando el oxígeno del carbono. El carbono queda atrapado en su tronco y sus raíces hasta que se quema, momento en que el carbono se libera de nuevo a la atmósfera en forma de gas. Se considera que la combustión de la biomasa tiene un coste de emisiones cero, puesto que libera al aire el mismo CO2 que absorbió con anterioridad. Esta es una de las ventajas de la energía de biomasa: su combustión queda fuera de las cuotas de emisiones del protocolo de Kioto.

La iniciativa Pontevedra Stop CO2 queda al margen del negocio de las emisiones.



Los gases del tráfico local se quedan en el monte

Especies de crecimiento rápido plantadas en el monte pontevedrés podrían fijar a lo largo de un año la práctica totalidad de los gases producidos por el tráfico local. La polución de los vehículos deja suspendidas en el aire al cabo del año 125.000 toneladas de dióxido de carbono, entre otros contaminantes. Las seis mil trescientas hectáreas de superficie forestal de las que disponía Pontevedra antes de los incendios del 2006 lograrían fijar los gases en algo más de doce meses. La nube de CO2 que expulsan los tubos de escape de los vehículos que circulan por la ciudad en un año supone ya una cuarta parte más de lo que vomitan en el mismo período de tiempo las chimeneas de la fábrica de Ence, cifrada en 91.612 toneladas. Así, dejando aparte la emisión de los gases del tráfico, la superficie forestal local sí tendría capacidad para fijar los gases que emite a la atmósfera el complejo pastero, y con ellos un grano en el inmenso granero global de las emisiones que contribuyen sin cesar al calentamiento global.




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