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GALICIA

21/05/2012 | María Pampín | SANTIAGO DE COMPOSTELA
   

Autoimposición de un modelo saturado


La parálisis de la planta de incineración de residuos en el sur obliga a seguir acumulando basura sin tratar en un vertedero al límite de su capacidad


Trabajador en la planta de tratamiento de residuos de Nostián, en A Coruña,
que desvía basura a Sogama. / GABRIEL TIZÓN

La alarma de saturación en el recinto de tratamiento de basuras de la Sociedade Galega de Medio Ambiente (Sogama) que el PP encendió en 2009 no se podrá apagar hasta, por lo menos, marzo del próximo año, el plazo mínimo para ampliar el enorme basurero de Areosa, que necesita crecer para seguir acumulando los desperdicios que los hornos no son capaces de cremar. Al complejo de Cerceda llegan los residuos de casi toda Galicia (un 80% del total), pero hace años que su ritmo de incineración no da abasto para hacer la valorización energética —convertir basura en electricidad—, el modelo que instaló la Xunta de Manuel Fraga hace 20 años y que solo tres años después de comenzar su labor ya necesitó de un vertedero para depositar los excedentes. El Gobierno de Alberto Núñez Feijóo apuesta por duplicar el modelo como solución: su plan de residuos prevé la construcción de un complejo de tratamiento de basuras en el sur de Galicia, otra Sogama con una capacidad similar, que cada día presenta más dudas. La empresa que debería ponerla en marcha y gestionarla a cambio de una concesión de molinillos, Estela Eólica, ha paralizado el proyecto aunque insiste en que “ni siquiera se ha considerado como hipótesis” renunciar al plan industrial que conlleva el reparto eólico.

La Xunta, que confió sin mediar concurso público el futuro del tratamiento de residuos de Galicia a una empresa privada que condicionaba el proyecto a una subvención del 30% del capital, ahora trabaja en un plan alternativo, sin más detalles. Por el momento, el único movimiento claro es la ampliación de Areosa, cuyo concurso de ejecución y gestión se publicó el pasado día 15 por 38 millones de euros. El plazo para la presentación de ofertas finaliza en el mes de septiembre y, después de que resuelva la Administración, la empresa ganadora tendrá un máximo de 20 semanas para construir —la primera fase— de ampliación del vertedero. Este nuevo espacio, en el que se pueden acumular 1,26 millones de toneladas de basura sin ningún tipo de tratamiento, no tendrá listos los dos primeros vasos de vertido hasta, como mínimo, marzo de 2013. La capacidad de estas dos áreas es de 315.000 toneladas, 65.000 menos de las que recibe Areosa en un solo año. La planta de elaboración de combustible, que puede carbonizar medio millón de toneladas anuales —cuando en Galicia se producen unas 900.000—, funciona al 105% de su capacidad y recibe también 109.700 toneladas procedentes de la planta de Nostián (el modelo que trata la basura de A Coruña y el área de As Mariñas) y 12.600 de Lousame. En resumen, el 35% de la basura no recibe ningún tipo de tratamiento y, a falta de una segunda planta de incineración, la solución es ampliar el vertedero de Cerceda.

Con estas obras, el presidente de Sogama, Luis Lamas, espera tener espacio para “más allá de ocho años”. “Es una cuestión de que no es sostenible que sigamos todos enviando casi 300.000 toneladas a vertedero. Hay que buscar una alternativa que medioambientalmente sea mejor”, afirmó en un acto esta misma semana. Lamas descartó que vaya a haber problemas en Cerceda por la paralización, y consiguiente retraso, de la planta del sur con un: “Resistir, resistimos”. La dirección de la planta nota que baja cada vez más la generación de residuos debido a la crisis económica y justifica que la licitación del vertedero va a permitir, probablemente, tener sitio para más de esos ocho años. “Dejamos espacio porque cuando llegamos nos encontramos con que había para seis meses”, apunta.

Con la llegada del equipo del conselleiro de Medio Ambiente, Territorio e Infraestruturas, Agustín Hernández, en 2009 a Areosa le quedaban, a lo sumo, nueve meses de vida. Proyectaron entonces una ampliación rápida que alargase su existencia cuatro o cinco meses más, hasta octubre de 2010. En mayo de ese año, la consellería rectificaba sus planes y confiaba en que el vertedero tirase cuatro años más, el tiempo necesario para que entrase en funcionamiento la incineradora del sur. La mitad del tiempo ya se ha consumido, el futuro de la segunda Sogama sigue en el aire y, con los trámites en pañales, no parece posible que la incineradora esté en pie antes de 2017, lo que desmontaría el cronograma de la Xunta. Fue una auditoría de Areosa la que alertó también de “graves deficiencias” en el vertedero, que necesitaba de dos millones en un “plan correctivo” que minimizase las concentraciones de contaminantes “por encima de los valores permitidos” en los vertidos. Sus depuradores no daban abasto, sus pendientes muy pronunciadas causaban “problemas de estabilidad” y el complejo tenía abiertos dos procesos judiciales: uno por la muerte de numerosas truchas en el vecino río Lengüelle y a dos jefes de área que ocultaron informes sobre la situación de los vertidos. La cuestión era también ganar tiempo para aprobar un proyecto sectorial de incidencia supramunicipal para ampliar Areosa en un 29% de su tamaño, que no recibió el visto bueno de la Xunta hasta septiembre del pasado año y que costó 10,3 millones de euros. Estela Eólica dice ser consciente de que trabajan en un contexto económico distinto a cuando comenzó el proyecto pero que ello no les lleva a pensar que no superarán las dificultades.

La crisis reduce un 7% los residuos

Los escenarios de producción de basura del plan de residuos de Galicia se centran en las posibles evoluciones de la población, pero es la crisis la que mejora las cifras de la comunidad. En lo que va de año, a Sogama llegaron un 7% menos de residuos que en el mismo periodo de 2011. Esta reducción ya se anticipó con la comparación entre 2010 y el pasado año, que plasmaba una reducción del 2,2%. Este año, se nota incluso en la bolsa amarilla —en la que se meten los envases de plástico para reciclar— que normalmente no desciende porque cada vez más la población se acostumbra a separar los desperdicios y aprende a hacerlo mejor. Los porcentajes de reciclaje en Galicia son “misérrimos”, en palabras de Luis Lamas, ya que no llegan al 10%, “muy lejos de la media española y de la media europea”.

La Xunta pretende que en 2020 se incinere un 47% de los residuos urbanos —lo que supone aumentar en un 40% lo que se hace ahora—, se recicle un 30%, se reduzca en un 10,3% la generación de basuras y se deposite en vertedero el 24%, aquello que no puede ser valorizado energéticamente.

La sociedad mixta de Sogama —está participada en un 51% por la Xunta y en un 49% por el grupo Gas Natural— produce, en teoría, energía eléctrica. Las denuncias de grupos ecologistas como Adega, por ejemplo, señalan que la planta cosume más energía que consume: en 2008 generó 459.867 megavatios y utilizó 507.914. El “negocio” de la empresa está en el canon que pagan los ayuntamientos —296 de 315 están adscritos a Sogama— de unos 60 euros por tonelada, denuncia Adega. “Incinerar cuesta unos 120 euros por tonelada, pero verter solo 15. Sogama cobra 60 pero no está cumpliendo lo acordado: pagan por el transporte y el tratamiento pero la mayor parte de la basura va directa al vertedero. Ahí el negocio y el fraude”.




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