El parque
temático proyectado aquí por la Autoridad Portuaria
(claramente reconvertida en agente urbanizador, empresa inmobiliaria o
herramienta de especulación) significó el arranque de la
campaña electoral de su presidente, Abel Caballero, en su
carrera hacia la alcaldía viguesa. Desde julio de 2006, un
día sí y otro también, páginas enteras de
la prensa local, pagadas con dinero público, publicitan a todo
color esta grandiosa horterada.
Había una vez... un circo
¡Pasen, pasen y ocupen sus asientos! ¡La función va a comenzar! Presten ahora toda su atención a la Pista Central del Fabuloso Circo Portuario.
¡¡No se pierdan la impresionante actuación del Gran Mago!!
Ya encendieron los focos del proscenio y el famoso artista sale a escena. Aplausos y fanfarrias atronan el aire.
En menos de lo que se tarda en decir abracadabra, el mago se quitó la negra capa y empezó a ondearla así, de un lado para otro: nada por aquí, nada por allá, y...
¡¡Tachaannnn!!
Una piscina olímpica que aparece por la derecha, un hotel de lujo con un centro de congresos por la izquierda y un túnel submarino (para pasear entre fanecas, nécoras y chinchos) se abre a nuestros piés.
¡Impresionante!
Ya vuelve a ondear
Y todo esto para el 2010. Rápido rápido. Estará todo listo y preparado antes de que terminen los trabajos de saneamento de la Ría. Pero claro, esto es mucho más bonito y mucho más importante. Habiendo un buen teleférico, quien necesita una depuradora...
Por favor, no se despisten, mantengan su atención en la Pista Central. Señorita, tenga la bondad de no mirar ahora para el relleno de Bouzas. A ver, esos chavales que están señalando con el dedo al proyecto de Massó. No, no se distraigan ahora...
Recuerden que tenemos a su disposición toneladas de propaganda en brillante papel de atractivos colores.
Hagannos caso:
Abelandia
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FARO DE VIGO, 18/02/2007
Torres vanguardistas, teleféricos y una isla artificial, entre los diseños del nuevo Puerto Las propuestas para transformar la fachada al mar incluyen puentes giratorios, jardines colgantes, un palacio de hielo y un rascacielos de 160 metros de altura. Torres que evocan monolitos y rascacielos futuristas. Telesillas, monorraíles y teleféricos para recorrer el espacio portuario. Juegos de pasarelas y puentes giratorios. Jardines colgantes. Parques deportivos con loopings y un palacio de hielo… |
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FARO DE VIGO, 27/07/2006
"Será una obra emblemática en el mundo" Caballero comparó la regeneración proyectada en
el Puerto con las actuaciones realizadas en Atenas, Génova,
Barcelona, Los Ángeles, Chicago o Ciudad del Cabo. "No hubo en
la historia de la |
Basta ya!
Ya es hora de recuperar nuestra habitual seriedad. Y para eso proponemos el artículo que reproducimos a continuación, obra del profesor Méndez Ferrín y publicado también en el Faro de Vigo el 29 de septiembre de 2006.
La Autocracia Portuaria
Por X.L. MÉNDEZ FERRÍN|
Todo allí es cocinado con el máximo sigilo, y la Autoridad se comunica con las masas de la ciudad mediante anuncios publicitarios carísimos que pagamos los contribuyentes. |
Antes, no hace muchos años, existía un organismo llamado "Junta de Obras del Puerto" y este era soberano y todopoderoso en su territorio.
En nuestras grandes ciudades portuarias (Coruña, Vigo) mostraba su excepcionalidad y su independencia del municipio irguiendo grandes muros y verjas espectaculares que separaban el puerto de la población civil. En estas fronteras de hierro se detenía el poder del Ayuntamiento y "Obras del Puerto" sólo rendía cuentas, con un grado alto de discrecionalidad, a Dios y al Ministerio.
Por aquel tiempo, "Obras del Puerto" como su venerable nombre indicaba, atendía a la construcción y mantenimiento de docks, muelles, dársenas, embarcaderos, a las edificaciones dedicadas a los servicios del tráfico natal, a las infraestructuras de comunicación con el continente, al parque de grúas y diversa maquinaria, a las estaciones marítimas de pasajeros y todas esas cosas, y mantenía plantilla de funcionarios y estibadores de carga y descarga de alta competencia profesional.
Luego, "Obras del Puerto" desapareció para dejar paso al ente denominado "Autoridad Portuaria" que, con el cambio de nombre, no perdió nada de sus poderes absolutos y omnímodos sobre el territorio marítimo-terrestre que le es asignado. Es ese el momento en el que los vastos espacios forales administrados por la Autoridad Portuaria llegan a ser objeto de deseo de los especuladores inmobiliarios y de los comerciantes especializados en parasitar las concesiones públicas.
Del lado de allá de las verjas de hierro no hay incómodos concejales ni alcaldes que tengan que ser persuadidos (a veces muy costosamente) ni partidos que tengan miedo de la opinión pública ni vecinos organizados y ruidosos en los plenos. En el interior de la Autoridad Portuaria no hay público que pueda constituirse en asamblea: está prohibido el paso.
Todo allí es cocinado con el máximo sigilo, y la Autoridad se comunica con las masas de la ciudad mediante anuncios publicitarios carísimos que pagamos los contribuyentes. En el caso que yo mejor conozco, el de Vigo, la Autoridad Portuaria llega a burlarse de la Ley de Normalización y el gallego deja de existir en los espacios que la gran verja demarca. Las verjas de hierro de la Autoridad Portuaria marcan una frontera entre la vida política normal y el puro autoritarismo. "Yo", dice Abel Caballero al referirse al Puerto de Vigo.
Luego el sueño del especulador se encarna en la realidad. Dado que en territorio municipal existen planes, elecciones, normativas, gobierno y oposición, prensa y debates, el ideal del especulador se hace gozosa realidad en el Puerto, donde se pueden hacer obras de caracter personal y sin más trámite que la aquiescencia de la Autocracia Portuaria. La entidad estatal que antaño se ocupaba del Puerto como espacio de interés general y público, ahora se convierte en gestora de suelo urbanizable y en árbitro de múltiples empresas personales de caracter lucrativo y sin relación con la actividad portuaria.
Como el mar es de todos, el proyecto estrella es el relleno interminable y ad libitum.
Los barcos, la actividad pesquera y las necesidades del comercio marítimo pasan a ser simples pretextos para la verdadera función del Puerto que es el suministro de suelo y la especulación.
Ahora, la Autocracia Portuaria enfoca sus designios, despóticos aunque no ilustrados, en la cesión de metros cuadrados infinitos a los particulares. Instalaciones fabriles y mercantíles no portuarias, oficinas como las de la Zona Franca, depósitos de automóviles, ahora una depuradora, a continuación torres acristaladas para apartamentos, hoteles, centros comerciales, parques temáticos, restaurantes, esto es: la propiedad pública de los puertos como la de Vigo está a punto de volatilizarse como tal delante de nuestros ojos y de ser privatizada (ya lo está siendo) con grave daño añadido para el medio ambiente natural de la Ría.
El "Plan de Usos del Puerto de Vigo" de Abel Caballero es esto y mucho más. En la Coruña van por la misma línea pero siguiendo una trayectoria diferente que pasa por el llamado Puerto Exterior.