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Las rías bajas deben su alta productividad biológica a la posición geográfica que ocupan, a sus características hidrodinámicas y geomorfolóxicas y a un alto grado de acoplamiento espacio-temporal de una serie de ciclos: físicos, químicos, geológicos y biológicos. Así, estos espacios semicerrados, y de alto valor ecológico, son muy vulnerables a las perturbaciones antrópicas (entre las que se incluyen la entrada de contaminantes y las actuaciones de dragado y/o relleno), ya que las alteraciones pueden romper equilibrios y desajustar los ciclos.
Estas características hacen que actuaciones humanas que en mar abierto pudieran ser medioambientalmente admisibles, en el interior de las rías sean peligrosas o inaceptables.
| El término ría está aceptado universalmente para diferenciarlo de una baía o de un estuario, lo que es una manifestación de su singularidad |
La fragilidad de estos peculiares espacios (junto con sus valores paisajísticos y faunísticos, sus posibilidades recreativas, pesqueras y marisqueras, así como su aptitud para futuros desarrollos de acuicultura) hacen que, antes de llevar a cabo cualquier actuación que pueda menoscabar sus posibilidades actuales y próximas, haya que valorar con objectividad, sus consecuencias a corto y a largo plazo, ponderando correctamente todos los factores intervinientes, justificando adecuadamente la necesidad de la actuación, y en caso de demostrarse que es imprescindible, tratar de reducir el impacto ambiental al mínimo posible.
Por otra parte, los enclaves de interés ecológico y biológico, como son las rías bajas, requieren su protección y conservación, y hacer un uso prudente de los mismos, siguiendo una tendencia irreversible y creciente de las sociedades desarrolladas, y el mandato recogido tanto en la legislación de la UE como de España y de Galicia.
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La ría de Vigo es una unidad funcional físico-biológica, (relacionada con la plataforma próxima y el entorno terrestre), por lo que las perturbaciones que se produzcan en cualquier punto repercuten, en menor o mayor grado, en su conjunto. |
Esto implica que los impactos que se produzcan en ella deben de estudiarse en el contexto total, tanto espacial como temporalmente. Las repercusións de un proyecto de relleno deben valorarse con el conjunto de otras obras anteriores, como las muy agresivas de Bouzas, las del Berbés, las actualmente proyectadas y las que pudieran preverse en el futuro.

Todo lo anterior nos lleva a considerar la necesidad de una ordenación del litoral, delimitando y armonizando los diferentes usos, estableciendo unos objetivos que sean los resultantes de amplios debates, en los que se consideren y respeten los intereses y opiniones de todos los beneficiarios de la ría, y que sean socialmente aceptados. En este caso, habría que establecer un límite a la ocupación del área marítima, ya que por el contrario, y por reducción al absurdo, la ría podría acabar transformándose en un amplio canal portuario.
Los principales efectos de las obras proyectadas sobre la ría se pueden agrupar en los producidos por los rellenos y los debidos a las operaciones de dragado.
Efecto estético y paisajístico negativo.
Pérdida de hábitat marino.
Desaparición de todos los organismos marinos en los millones de metros cúbicos de mar (agua y sedimentos), sustituidos por el relleno.
Mortalidades, en las zonas próximas a la obra, de la biota marina con movilidad reducida o nula o que no posea o tenga poco desarrollada la reacción de "escape".
La turbidez provocada por los sólidos en suspensión procedentes del material de relleno reduce el paso de la energía luminosa indispensable para la fotosíntesis fitoplanctónica (y de macroalgas), es decir, para la producción primaria, de forma que la biomasa que se produce en la ría, incluidos los recursos explotados, disminuye con la consiguiente repercusión económica y social.
La entrada en la ría de materiales inertes en suspensión, además de los efectos físicos directos sobre el sistema respiratorio de algunas especies, afecta al metabolismo de los organismos filtradores que tienen que excretar las partículas no asimilables, con el consiguiente consumo energético, lo que disminuye el crecimiento y engorde (pérdida de biomasa).
En caso de que el material empleado en el aterramiento no sea el adecuado, al llegar al mar puede poner en disolución y/o en suspensión sustancias perjudiciales para el medio marino.
Diminución de la concentración de oxígeno.
Destrucción de comunidades bentónicas colonizadoras de los sedimentos retirados.
Removimiento y/o solubilización de los contaminantes asociados a los fondos que pasan a la cadena alimenticia, aumentando las concentraciones en los seres vivos de la zona. En determinadas circunstancias, este incremento de contaminantes puede hacer no aptas para el consumo del hombre especies comerciales, por sobrepasar los límites establecidos por la UE y España para proteger la salud humana.
Los contaminantes químicos, a ciertas concentraciones, producen impactos negativos en el medio marino a distintos niveles: organismos individuales, poblaciones, comunidades y ecosistemas, alterando fundamentalmente la reproducción y produciendo, entre otras, perturbaciones bioquímicas y fisiológicas. Estos efectos adversos tienen mayor incidencia cuanto menos evolucionado es el ser vivo, por lo que fito y zooplancton, huevos, larvas y juveniles son los más perjudicados; produciéndose, en general, una diminución de la biomasa en todos los anillos de la cadena alimentaria, con la consiguiente repercusión para la economía derivada de la pesca y el marisqueo.