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RECORTES DE PRENSA

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GALICIA

13/12/2009 | Selina Otero | VIGO


El tráfico gallego contamina como la mayor empresa emisora de CO2 de España


Los 1.900.000 vehículos de Galicia liberan al año 7 millones de toneladas de dióxido, igual que la central térmica de As Pontes

La central térmica de Endesa de As Pontes, la primera empresa de España en el ranking de emisiones de dióxido de carbono (el gas enemigo número uno del cambio climático), liberó en 2008 siete millones de toneladas de sustancia gaseosa nociva. ¿Cúanto C02 liberan los vehículos que transitan las vías gallegas sin descanso? Exactamente lo mismo. En Galicia hay 1.900.000 turismos, camiones, furgonetas, buses, motos y tractores que, conjuntamente, emanan en sus desplazamientos siete millones de toneladas de dióxido de carbono. La contaminación por tránsito en carretera se ha duplicado en las últimas dos décadas porque el parque de vehículos se ha multiplicado por dos desde los noventa. Por aquel entonces, las emisiones por transporte en carretera suponían 3,5 millones de toneladas. La dependencia del motor en una sociedad con una estadística de 2,04 habitantes por turismo tiene su coste medioambiental. Un ejemplo más de la contribución del ser humano al imparable avance del cambio climático.

Las fábricas generadoras de energía y electricidad de Endesa en As Pontes y de Fenosa en Meirama se consideran los principales focos de polución en la atmósfera gallega, acaparando prácticamente la mitad de emisiones de C02 que libera en su conjunto la comunidad. En pleno debate sobre el futuro del clima en la Cumbre de Copenhague, dos décadas después de iniciarse el control sobre el calentamiento del planeta a través de la liberación de gases nocivos con el Protocolo de Kioto, expertos gallegos recuerdan que la emisión de sustancias gaseosas dañinas para la capa de ozono no es un problema exclusivo de las centrales térmicas, principales productoras de energía para la supervivencia y el bienestar de miles de habitantes.

La industria contamina, los residuos son perjudiciales, la agricultura es una fuente inagotable de elementos nocivos, los hogares están continuamente transfiriendo polución y el transporte por carretera es un foco contaminante sin límite, en continuo crecimiento y en el que reina el descontrol, sin un manual de restricciones antipolución que ponga freno a la nube negra de los tubos de escape.

Los países industrializados se comprometieron en la ciudad de Kioto, en 1997, a ejecutar un conjunto de medidas para reducir los gases de efecto invernadero: dióxido de carbono, gas metano, óxido nitroso o azufre, entre otros. El planeta se empezaba a resentir de los efectos de la polución (deshielo, calentamiento global, lluvia ácida, cambios estacionales), por lo que era urgente ir pensando en frenar un proceso sin duda complicado. Copenhague es la segunda entrega de un intento de regulación a nivel mundial, en el necesario afán de reducir la polución. "Desde los noventa Galicia incrementó sus emisiones de C02 un 23%. Por sectores, en la industria (sin tener en cuenta las centrales térmicas) se produjo un aumento del 30% del dióxido liberado y, en cuanto al transporte, en dos décadas la subida de los niveles contaminantes ha sido del 104%. Se trata de un asunto muy difícil de controlar y regular, sobre todo por los hábitos de las sociedades desarrolladas, que utilizan el coche para todo. Haría falta un cambio de mentalidad para conseguir reducir los parámetros emisores en este ámbito. Lo ideal sería la bicicleta, aunque es mera utopía en el siglo XXI", comenta Emilio Fernández, profesor de Ecología en la Facultad de Ciencias del Mar de Vigo y coordinador del estudio ´Evidencias e Impactos del Cambio Climático en Galicia´. La tendencia de incremento del parque de vehículos es similar a la curva en el ámbito nacional, como también lo es el aumento de emisiones en industria. En el año 1973, sólo había un vehículo para cada nueve habitantes; en 1998 la población del país se dividía en 2,5 personas por turismo y, en la actualidad, toca a coche por cada dos personas. "En transporte hubo poco control. Los turismos híbridos o eléctricos todavía tienen poca presencia y siguen siendo un poco caros, aunque ocurrirá como con las nuevas tecnologías, se convertirán en asequibles en poco tiempo. Habría que utilizar más transporte público e incentivar el tranporte de mercancías por mar. Podrían incrementarse los impuestos, quizás", comenta Xavier Labandeira, titular de la cátedra sobre Economía del Cambio Climático de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) e investigador de la Universidad de Vigo. Partirá en breve rumbo a Copenhague para participar en la recta final de la cumbre; el único gallego con ponencia propia en el mayor acontecimiento mundial sobre cambio climático. El aumento de la población, causado principalmente en el conjunto del Estado por el colectivo de inmigrantes, y el desarrrollo industrial han contribuido inevitablemente al incremento de la polución. "Hay que tener en cuenta que, en el conjunto nacional, hemos ganado seis millones de habitantes y las dos últimas décadas han sido cruciales para el despegue industrial del país", explica Labandeira.

En términos comparativos, Galicia es la cuarta comunidad emisora de C02, con casi 34.000 toneladas liberadas al año, por detras de Cataluña, Andalucía y Castilla y León. Individualmente, cada gallego contribuye al calentamiento global con una media de 12,1 toneladas de dióxido, frente a las 9,2 toneladas por persona de media estatal.

En cuanto al factor humano en el ámbito doméstico, los cerca de tres millones de habitantes de la comunidad gallega emiten desde sus casas el 8,3% del dióxido carbono total que emana la autonomía. Los residuos constituyen otra fuente inagotable de polución. Sólo el sector industrial agroalimentario gallego produce 2,3 toneladas de desperdicios anuales.

La cabaña ganadera de la comunidad tiene su parte de responsabilidad en la emisión de gases nocivos. Y no es poca. Las más de 900.000 vacas que habitan las granjas gallegas liberan al año 88 toneladas de metano, un gas 21 veces más contaminante que el C02. El ganado vacuno contribuye al empeoramiento del efecto invernadero a través de flatulencias y deposiciones, de modo que cada vaca expulsa 90 kilos anuales de gases nocivos procedentes de su propio organismo. Algo similar ocurre con los cerdos, cuyos excrementos sólidos y líquidos son fuente contaminante del propio suelo (por exceso de nutrientes) y de la atmósfera (con emisiones de amoniaco y metano). En el conjunto nacional se generan al año 7,1 millones de toneladas de purines que no se pueden utilizar para abonar los campos. La solución en marcha: los que no sirven como fertilizantes del suelo transformarlos en energía eléctrica, con valor añadido incluido.



Cada hogar produce 5 toneladas de gases nocivos al año, más que una granja vacuna con 50 reses

El frigorífico es el electrodoméstico de mayor consumo mensual

La calefacción y el agua caliente acaparan el 66% del consumo energético de cualquier hogar gallego equipado con fuentes de calor y frío artificial. El restante 34% se distribuye entre los electrodomésticos de uso habitual familiar, según el portal ´Cero C02´ que desglosa, en la red, cuánto supone el consumo doméstico y cómo contribuye a la contaminación atmosférica.

El consumo eléctrico medio en casa de una familia produce alrededor de cinco toneladas de dióxido de carbono al año, más que una explotación ganadera gallega con una media de 50 vacas, cuya emisión de gases contaminantes por residuos es de 4,5 toneladas.

En cuanto a los electrodomésticos, el frigorífico es el aparato que más consume, concretamente un 21% del gasto eléctrico de un hogar. "El consumo anual de este equipo puede aumentar en 45 kilogramos de dióxido de carbono liberado por cada 100 litros de capacidad del mismo. Para una persona es suficiente con un frigorífico de entre 100 y 150 litros. Para dos personas, 200 litros podría llegar y para cuatro personas conviene calcular entre 300 y 350 litros", recomienda el portal web ´Cero C02´. El televisor acapara el 12% del consumo, seguido de la cocina, con un 10%, la iluminación (7%), la lavadora (5%), la secadora (2,5%), el microondas y el lavavajillas, con un 2,3% respectivamente.

Modo Stand by

El modo Stand by permite encender la televisión o el vídeo con el mando a distancia, mostrar la hora en el microondas o o encender el ordenador con una llamada de teléfono. No obstante, tiene su contraprestación en niveles de polución. Controlar de forma medioambientalmente razonable la función de reposo o semi-encendido (Stand by) puede suponer hasta un 10% de diferencia en la factura eléctrica cada mes. Los estabilizadores de tensión, el DVD, el vídeo, el horno, la vitro inducción, los decodificadores, el monitor, el módem, el televisor, el contestador y el cargador de baterías son, por este orden, los principales culpables del consumo innecesario cuando permanecen durante horas, días e incluso semanas en el modo de semi-encendido o semi-apagado. En cuanto a la luz, las bombillas fluorescentes compactas pueden reducir el consumo hasta una quinta parte con respecto a las tradicionales. Aunque su coste es superior, se suele rentabilizar en un solo año de funcionamiento.



La crisis y el auge de la energía solar y eólica alivian la "nube negra" industrial

La emisión cae un 17% gracias a las renovables y al freno al cemento

Una de las escasas lecturas positivas que pueden hacerse de la crisis económica global se enmarca en el cuidado medioambiental. La industria ha logrado reducir un 17% los gases contaminantes que emite a la atmósfera durante el primer semestre de 2009, según las estadísticas del Observatorio de Cambio Climático coordinador por el profesor gallego Xavier Labandeira.

La disminución de la producción de cemento, derivada de la caída de la actividad en el sector de la construcción, y el auge de las energías renovables, como la solar y la eólica, que suben escalones en su carrera por alcanzar a los combustibles tradicionales, constituyen en la actualidad dos pilares básicos en la lucha contra los efectos del cambio climático.

"La energía y los procesos industriales, con un elevado peso de la producción de cemento, han generado desde el año 2000 un 97% de las emisiones nacionales de C02. De hecho, las emisiones estimadas para 2008 generadas por la quema de combustibles y el cemento fueron 50% mayores que las registradas en 1990; por lo que España se ubicaría 35 puntos por encima del objetivo definido en el Protocolo de Kioto", según los datos del observatorio. El descenso de la construcción propició este año una reducción de la producción de clínker, de modo que las emisiones disminuyeron un 30%. En el sector eléctrico cayeron un 14% debido a la bajada de un 6,2% en la demanda de electricidad y el aumento en la participación relativa de la energía hidráulica y las de régimen especial. Además, el consumo de gasóleo se desplomó, por primera vez, desde el año 2000.




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