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Reflexiones a pie de obra
09/05/2005
En ese duermevela, en el que me sumerjo a ratos en los plenos, recordaba que un
obispo de posguerra, afirmaba que las dos mayores tragedias que habían caído
sobre la humanidad fueron, la bomba atómica y el cine. Discrepo. Yo creo que
fueron las Comunidades de Montes y la Autonomía Municipal.
Las dos, y especialmente la última, han tenido sobre la mayoría de los
municipios, un efecto devastador. Es verdad Mouriño –me decía- que eso ha
tenido la ventaja de que papanatas transmutados alcaldes o concejales, han
podido multiplicar su sueldo y su patrimonio (también el sus suegros y demás
parientes) por dos o por tres, habiendo dado una buena salida a su gris y poco
productivo devenir profesional e incluso, como acaba de decir Fraga, mantener a
su familia.
Además, de paso, también pueden hacer algún apañito con el Plan General y
atrapar unos euriños de cló-cló, mediante la consabida recalificación y gracias
a útil información privilegiada, hábilmente trajinadas desde el despacho
oficial y todo ello, sin que se entere el paisano al que le "animan" a vender
su finca y menos, Hacienda, que bastante ocupada está en revisar la declaración
de los currantes de a pié.
La proliferación de municipios de reducidas dimensiones y la no menos reducida
mollera de muchos corporativos, hace prácticamente inviable una gestión
eficiente y armónica en el ámbito municipal, que se manifiesta desde la
incapacidad para aprobar un Presupuesto o sacar adelante un Plan General
(Nigrán, Gondomar o Vigo, verbigracia) a mantener limpio y ordenado el
municipio, evitando malezas, vertidos, galpones barrocos de bloque y uralita,
cierres fortificados modelo Maginot, endiñar edificios en cada hueco que
aparece, o demandar entusiasmados la creación de parques industriales,
auditorios, casas de la cultura (sic) etc. que luego no sirven para nada.
¿Quién no ha contemplado embelesado, en
Monteferro
, un mamotreto del paleoceno, construido al alimón por los avisados próceres
Avelino y Sito Castro, a la sazón alcalde y presidente de la Comunidad de
Montes y en su momento proyectado por aquél, para ser sede de nos sé que
tinglado?
La Mancomunidad del Val Miñor, que podía resolver algunas carencias endémicas
de los tres ayuntamientos, no ha pasado de ser un "flatus vocis" debido a la
cultura tribal de sus corporaciones.
O la Xunta de Galicia impone una coordinación y una planificación urbanística,
enmarcada en un Plan Estratégico Provincial, o esto, en pocos años: un suburbio.
Pepe Mouriño