El riesgo de incendio se dispara por la falta de limpieza de zonas que quedaron asoladas hace ya tres años
A diez días de que empiece oficialmente el verano y tres años después de la oleada de incendios que arrasó el municipio de Oia, más de 200 hectáreas de madera calcinada aún permanecen sin recoger. Lo confirmaba ayer el alcalde, Alejandro Rodríguez, después de que la Xunta anunciase que «se prevé un alto riesgo de incendios al crecer la biomasa forestal».
Según el director xeral de Montes, Tomás Fernández-Couto, «el riesgo es evidente al haber aumentado ostensiblemente la biomasa forestal desde la espiral de fuegos del 2006, con la sucesión de dos veranos excepcionalmente lluviosos».
La situación es sensiblemente diferente en Oia, una de las localidades más castigadas aquel verano. También tiene nueva biomasa, pero crece alrededor de la vieja, porque aún no ha sido retirada parte de la que ardió, que sigue campando a sus anchas por los montes, pistas y también sobre los valiosos petroglifos de Pedornes.
La lluvia también protagonizó parte del periodo estival desde entonces pero, dada la situación, los lugareños valoran más los efectos positivos que los negativos. «Nos salvamos porque nos acompañó la lluvia desde entonces pero, si el verano viene seco, las cosas se van a poner difíciles», avanzó el regidor.
Puentes
Las inclemecias meteorológicas golpearon de lleno el municipio durante ese año. Tras los incendios que asolaron unas 2.000 hectáreas de monte, unas riadas se llevaron por delante todo lo que encontraron a su paso. La fuerza del alud de agua y lodo que bajó por el monte y que anegó decenas de casas destrozó también más de una veintena de puentes.
A día de hoy, según informó el alcalde de Oia, solo se han arreglado cuatro. «La mitad están impracticables, algunos en Viladesuso, Loureza y Burgueira, por lo que tampoco se puede pasar para retirar la madera almacenada desde entonces», señaló. La preocupación se agudiza a medida que se acerca la época de estival porque si no se puede entrar a sacar la madera cómo se va a intervenir en caso de incendio.
No son solo los montes y petroglifos de Oia los que arrastran cargas desde hace años. Según el alcalde, el Concello tramitó más de 300 reclamaciones de afectados por los incendios del 2006. Sin embargo, «solo cobraron las comunidades de montes y, una limosna, entre un ocho y un diez por ciento de su valor real». Aún así, son los que más suerte han tenido porque «los demás propietarios de viñas, frutales y madera de leña almacenada aún no han cobrado nada».
Alejandro Rodríguez no oculta su malestar y, con ironía, echa mano de la sabiduría popular. Ya se sabe que «contra el vicio de pedir, hay la virtud de no dar», bromeaba. Tampoco el Concello ha recibido las subvenciones a las que se presentó para el arreglo de los más de veinte puentes que se llevaron las riadas. «Hay más de seis cortados que impiden el acceso a las zonas donde está la madera quemada», señaló.
Una situación que ha trasladado en reiteradas ocasiones a las distintas administraciones. «En el 2006 fui a la comisión de incendios y entregué un dossier con un plan de actuación para evitar que se produjera una situación similar», señaló. Fue además una de las preocupaciones que le trasladó al nuevo delegado provincial en el encuentro con los regidores de O Baixo Miño que se celebró hace quince días en A Guarda. De él espera una solución pero censura abiertamente a sus antecesores. «A Touriño le dije que no lo recibiría en el Concello hasta que no se hiciera cargo de las inundaciones», recordaba. Ttampoco todos las víctimas de las riadas consiguieron cobrar aún sus ayudas: «Fueron infinitas veces a Vivenda pero nada; uno de ellos se está planteando ir por la vía judicial». En su decálogo de tareas pendientes que arrastra el municipio de cara al verano, algunas tan sencillas como peligrosas. La primera, desbrozar el monte.
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